Dibujo para pronunciar la ERRE: ¡Bienvenidos a Bilbao!
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Dibujo para pronunciar la ERRE: ¡Bienvenidos a Bilbao!

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¡Está todo mal! Bilbao, la ciudad más bonita del mundo (¡cómo tira la tierra!) ha amanecido completamente patas arriba: extraterrestres, arañas y perros gigantes, una mujer con unos faldones extraños, un señor con mucho apetito, un bailarín desatado…. Que se está armando la de San Quintín, vaya. Pero ¿qué es real y qué fantasía?

 

El quid de la actividad va mucho más allá de esta pregunta. Y es que su objetivo principal no es ni más ni menos que machacar la pronunciación de la erre. Efectivamente, la magia (más bien locura) que se desprende de la imagen tiene su razón de ser: la ilustración atesora más de un centenar de palabras que comienzan/terminan por erre (simple y/o múltiple) o la contienen.

Y ¿cómo nos hacemos con estas palabras ocultas? Los niveles más bajos, con ayuda del diccionario; los más altos, con o sin él (¿he mencionado ya que la actividad vale para casi todos los niveles?). Lo ideal es que trabajen por parejas o equipos para que produzcan el sonido de forma espontánea. Además, se puede plantear como una competición (¡a ver quién consigue más palabras en diez minutos!). Las palabras las pueden apuntar en la propia hoja o crear una lista aparte.

Bien: con los cimientos del ejercicio ya asentados, hay que empezar a construir hacia arriba. ¿Desde qué otras perspectivas podemos abordar el ejercicio? Sin darle mucho al tarro se me ocurren las siguientes:

Un paseo por la cultura vasca. Lanzando preguntas del tipo “¿qué sabéis de los vascos?” y “¿qué elementos de la imagen pertenecen a la cultura vasca?” podemos detenernos un rato en el aspecto cultural de la ilustración. Recomiendo aunque sea pasar de puntillas por este punto para revelar otras tantas palabras con erre que, de otra forma, quedarían ocultas (Gargantúa, aurresku, harrijasotzaile, Marijaia, euskera…). Claro está, si no queremos tratar temas culturales simplemente podemos ignorar estos personajillos (mis alumnos, por ejemplo, confundieron el Gargantúa con un restaurante).

¿Qué es ficción y qué realidad? ¿Por qué? Como ya he mencionado más arriba, los alumnos pueden debatir por parejas, argumentar por escrito, etc., qué elementos creen que forman realmente parte de la ciudad y cuáles no. Muchos suelen picar con el perro y la araña gigantes. Y no, la pintoresca playita protegida por las rocas no es real ☹ (de momento).

Podemos enfocar el ejercicio hacia los métodos de búsqueda de información en internet, especialmente hacia el uso de buenos diccionarios online. Muchos estudiantes utilizan el traductor de Google y poco más, quizás porque nadie les ha enseñado el gran arsenal de herramientas disponible en la red.

Para los más peques: a medida que encuentren las palabras, pueden ir coloreando la imagen. Probablemente les importe un pepino que les mandes o no colorear, lo harán igualmente (como me ocurrió a mí). Now deal with it 😊.

Trabajar las destrezas escritas. Después de encontrar un buen puñado de palabras, el profesor puede elegir algunas al azar y hacer que escriban frases o pequeños textos con ellas. También pueden seleccionar un personaje de la ilustración y describir lo que ve, lo que ocurre a su alrededor, cómo se siente, etc., para que sus compañeros adivinen de qué personaje está hablando.

Se puede jugar a varios juegos como el veoveo, buscando a Wally, frío/caliente… Esto podría servir como excusa para dar indicaciones o practicar las locuciones y preposiciones de lugar (delante de, encima de, al lado de…) .

Desde mi experiencia, puedo afirmar que esta actividad funciona estupendamente cuando los alumnos ya tienen sentadas las bases de la pronunciación de la erre pero todavía necesitan algo de práctica. La encuentro especialmente útil para enganchar al típico alumno que aún no ha conseguido dar con el sonido y no soltarlo hasta que abandone esas horrísonas pseudoerres y pronuncie una ERRRRRRE rimbombante y estupendísima como una catedral, todo ello sin hacerle pasar un mal rato delante de sus compañeros ni detener la clase por él. En cualquier caso, es un ejercicio estupendo para oxigenar la clase porque, vaya, todos necesitamos un respiro de vez en cuando.

Algo curioso de esta actividad es que parece no tener fondo. Y es que cada vez que la llevo al aula, los alumnos extraen palabras que no había incluido en mi recuento. Después de todo, quizás sí tenga algo de magia. 😉

¿Se te ocurren otras formas de explotar el ejercicio? ¿Alguna vez has utilizado un ejercicio parecido? Me interesa mucho tu opinión: ¡déjala en los comentarios!

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